OBRAS PÚBLICAS DESIERTAS
Son las que, en los procedimientos de adjudicación de contratos públicos, se producen cuando no existe alguna oferta o proposición admisible de acuerdo con los criterios que figuran en el pliego o para decirlo más llanamente, cuando ninguna empresa se presenta para la adjudicación de la obra correspondiente. Esta situación, ya lamentablemente muy acostumbrada, se produce por múltiples motivos, empezando por los precios poco realistas. Los presupuestos base de licitación están desfasados respecto a los costes reales de materiales, mano de obra, energía o maquinaria. En los últimos años, la inflación y la subida del coste de materias primas, acero, cemento, combustible, han hecho inviables muchos concursos. Si la obra no asegura rentabilidad es normal que las constructoras no presenten oferta. Muchas administraciones sacan concursos con precios base ajustados, que no cubren el coste real de materiales, mano de obra, seguridad o imprevistos, lo que hace que los presupuestos queden desfasados, desde el inicio de la licitación, respecto a la realidad. Como siempre, hay que contar con el factor humano, algunos empleados públicos, tampoco ponen mucho interés en actualizar los precios, porque les significa un esfuerzo que no asumen y nadie les obliga a hacerlo.
Pliegos con demasiadas condiciones burocráticas, que encarecen y complican la gestión, empezando por las excesivas exigencias administrativas o técnicas, como los requisitos de solvencia desproporcionados dejan fuera a muchas empresas, con penalizaciones y garantías muy duras que aumentan el riesgo para la empresa. También hay que contar con unas condiciones administrativas complejas, avales, seguros, garantías desproporcionadas y mucha burocracia que desincentivan la participación, sobre todo de las pymes. Además, desde la Administración Pública solicitan documentación a las empresas que ya ella tiene, por lo que les trasladan un trabajo engorroso y no asumen sus propias obligaciones laborales de servicio público de forma eficiente.
Algunas licitaciones imponen periodos de ejecución demasiado ajustados, poco realistas, que no tienen en cuenta los tiempos verídicos de suministro, permisos o climatología, con plazos muy cortos para preparar la oferta técnica y económica. Proyectos mal redactados, con errores o indefiniciones que trasladan la incertidumbre a la empresa. El recelo aumenta también sobre el cumplimiento de los plazos de pago, es decir, los retrasos que generan desconfianza, ya que las empresas deben adelantar recursos y soportar la financiación, lo que produce inseguridad jurídica y modificados. Temen, cada vez más, que durante la ejecución surjan precios contradictorios, modificaciones no reconocidas o disputas que dificulten cobrar lo realmente ejecutado, con pagos lentos que obligan a las empresas a adelantar grandes cantidades de dinero.
El sector de la construcción sufre escasez de mano de obra cualificada y muchas empresas prefieren centrarse en contratos privados más ágiles y rentables antes que comprometerse con obras públicas que bloquean recursos durante meses o años. A esto hay que incorporar la problemática que produce la alta incidencia que está teniendo el absentismo laboral, sobre todo el de larga duración, que impide mantener los equipos de trabajo al completo, dificultando una organización laboral de las empresas con garantías de asumir obras para su ejecución.
Todas estas circunstancias, juntas o por separadas, provocan una falta de actuación de obra importante, dejando pendiente obras de infraestructuras o equipamiento comunitario esenciales para la sociedad, siendo una demostración más de que la burocracia impide una normalización de la actividad económica, impidiendo un desenvolvimiento ejecutivo suficiente. El meollo de la cuestión siempre es el mismo y mientras no se busquen las alternativas precisas y viables, para incorporar una productividad medible y cuantificable, seguiremos sufriendo desfaces estructurales en todos los ámbitos. Es preciso, diríamos urgente, dar un revolcón total a la burocracia.
Oscar Izquierdo
















